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Johana Clavel

Estrategias para comprometernos con nuestras metas

Muchas veces, nos proponemos metas que consideramos difíciles e incluso, en ocasiones, imposibles. Frente a esta situación nos sentimos frustrados y nos paralizamos ante la posibilidad de no lograr lo que queremos. Para alcanzar nuestras metas personales y laborales, solo necesitamos de los ´ingredientes´ adecuados para enfrentar de la mejor forma posible, las adversidades. Ninguna de nuestras metas debe considerarse inalcanzables, con trabajo, esfuerzo y pasión podemos lograr lo que queramos. En ocasiones no conseguimos lo que nos proponemos por falta de concentración y enfoque, y también porque no definimos con detalle los objetivos. Diseñando cuidadosamente el plan de acción que debes llevar a cabo, podrás alcanzar de forma productiva y fructífera tus objetivos.

Recuerda que es importante ser realista en la meta y en los beneficios.

Fortalece tu confianza, para tener éxito, es necesario que tengamos fe en nosotros, que confiemos en que lo podemos lograr. Piensa en todas las veces que sí has logrado lo que te has propuesto, aunque creas que son logros que no valen la pena, no los califiques de acuerdo a su importancia o magnitud.

Considéralos sólo como una muestra de que sí hay cosas que puedes lograr y por lo tanto, lo que no sabes o no has podido, lo puedes aprender.

Haz que la frase: «Si no lo he logrado, puedo aprender a hacerlo» sea parte de tu vida diaria. Si has intentado hacer algo varias veces y no has tenido éxito, quizás necesitas hacerlo de forma diferente o tal vez necesitas ayuda. ¡Búscala!

Establece un compromiso contigo mismo, describe las consecuencias positivas que vas a obtener y lo que necesitas hacer para lograrlo. Pregúntate si vale la pena el esfuerzo que tienes que hacer.

Si no estamos dispuestos a esforzarnos, nuestra meta no es realmente nuestra o está basada en algo en lo que no creemos o que no deseamos con el corazón. Ponte metas que realmente te motiven, que tu corazón y tu mente estén involucrados.

Acepta tu responsabilidad, para tener éxito en nuestras metas y en nuestra vida, es necesario reconocer que una gran parte de lo que nos sucede, es el resultado de nuestras decisiones y conductas.

Cuando no lo aceptamos y culpamos a los demás, a la vida, la suerte, etc., no resolvemos los problemas y nos sentimos víctimas, incapaces y vulnerables. Esta actitud nos paraliza o nos lleva a tomar decisiones equivocadas. Reconocer que cometimos un error, es un acto de valor y honestidad, nos da la posibilidad de corregir y aprender, negarlo, no elimina el error, sólo lo aumenta.

Recuerda que somos humanos y por lo tanto falibles. No somos, ni vamos a ser perfectos, pero siempre podemos mejorar. Siempre podemos aceptar nuestra responsabilidad.

Exprésala en voz alta cada día, al levantarte y al acostarte, mientras más veces la recuerdes y la expreses, de preferencia en voz alta, más cerca estás de ella.

Es importante que pongas en ciertos lugares alguna frase, dibujo, adorno, etc. que te la recuerde constantemente, esto no sólo te ayuda a recordarla, sino que tú subconsciente trabaja en ella.

Pregúntate con frecuencia:

«¿Lo que estoy haciendo me ayuda a lograr mi meta?»

Si no es así, revisa tu meta y tu plan de acción.

Analiza tu situación actual, necesitas saber cuál es tu punto de partida, para saber hacia dónde dirigirte y cómo hacerlo. No es igual llegar a Acapulco desde Cuernavaca que desde Canadá.

Divide la meta en pequeñas metas a corto y mediano plazo o en pequeños pasos, que te vayan acercando a la meta final.

Por ejemplo:

Si quieres compartir más tiempo con una persona, para mejorar la relación con ella, puedes decir: Le voy a hablar diario por teléfono.

Una vez al mes o a la semana, voy a planear una mañana o un par de horas, para que hagamos algo juntos, para dentro de 6 meses o a fin de año, voy a planear lo necesario para irnos juntos de vacaciones.

Esto se aplica a cualquier tipo de metas: de salud, negocios, personales, etc., aunque el tiempo y actividades pueden ir variando, de acuerdo a tu meta y a tus necesidades.

Pon una fecha límite para la meta final y fechas intermedias para ir checando objetivamente los progresos y corregir si es necesario.

Cuando no hay un plazo, vamos dejando las cosas para después y no las hacemos.

Cuando decimos: «quisiera, algún día yo… en el futuro voy a…», no actuamos. Poner una fecha nos «obliga». Una de las principales diferencias entre un sueño y una meta realizable, es que ésta tiene una fecha límite.

Identifica las habilidades y conocimientos que necesitas para vencer los obstáculos y para lograr tus metas: Recursos materiales, apoyo emocional, tiempo, información, ayuda de otras personas, etc.

Pregúntate:

¿Cuáles son mis puntos fuertes o habilidades que me pueden ayudar?

¿Necesito ayuda?

¿De quién?

Pide la ayuda que necesitas, aprende lo que necesitas aprender o búscalo en otras personas. Recuerda que es imposible que sepas todo y que seas experto en todo.

Desarrolla un plan de acción, detallado y claro, Haz un primer esbozo y ve agregando o modificando lo que sea necesario, a medida que vayas trabajando en él.

Visualiza los resultados, constantemente. Relájate e imagínate haciendo ciertas cosas que son el resultado de haber obtenido la meta y disfrutando de lo obtenido, velo en tu imaginación, con todos los detalles posibles, Imagina y piensa en cómo te vas a sentir.

Mientras más lo practiques, más fácil se te va a ser, esta es una manera comprobada de facilitar el trabajo del cerebro. Pero enfócate en lo positivo.

 

Si al principio te cuesta trabajo relajarte o visualizar, recurre a una persona que tenga experiencia y te pueda ayudar, de preferencia, alguien que lo haga a nivel profesional.

Comparte tu meta con alguien importante para ti, hacerlo, nos ayuda a comprometernos y nos da la oportunidad de tener alguien que nos ayude, cuando lo necesitamos o nos escuche cuando queremos expresar nuestras dudas o sentimientos, pero es importante escoger a la persona adecuada:

Alguien que tenga interés en ti. Que no te critique, ataque o se burle de ti, aunque si puede expresar su desacuerdo sobre algunas de tus conductas.

Reconoce en voz alta tus logros, aunque sean pequeños, no importa el tamaño o importancia de los logros o avances.

Éstos no son valiosos por «cuánto» avanzamos, sino porque nos acercan a la meta y porque demuestran nuestro esfuerzo y deseo de logro.

Si realmente quieres lograr los objetivos que te propones, debes interiorizar y aplicar los hábitos y actitudes correctas que te mantendrán encaminado hacia la meta. Piensa en lo que quieres, imagina el objetivo logrado y piensa en el primer paso hacia esa realidad que te permitirá empezar tu aventura.

 

«No basta dar pasos que algún día puedan llevar a la meta, sino que cada paso debe ser una meta, sin dejar de ser un paso». Goethe

 

Empieza hoy.

Psic. Natalia Cruz

Psic. Maryeling Riera

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