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Generalmente, en el rol de padres surge la voluntad emocional de satisfacer a los hijos en la medida de las posibilidades, y por qué no, más allá de éstas. De aquí, la importancia de establecer límites y normas. Los niños no poseen autocontrol, necesitan ser guiados por los adultos para aprender sobre cómo comportarse y realizar lo que desean de la manera más adecuada, de lo contrario se sentirán confundidos, perdidos, inseguros, enfadados y se mostrarán desafiantes, lo cual les genera angustia. Proveerles de estas pautas, les brinda protección y educación, fomentando su crecimiento personal; son importantes características como la autonomía, ya que se toman en cuenta las necesidades de cada niño(a); la autoestima, proporcionándoles la confianza de actuar mediante el ensayo y error; la responsabilidad, dándoles la oportunidad de conocer las consecuencias de sus acciones y por último pone de manifiesto su carácter, al participar activamente en el proceso.

Conociendo los beneficios de esta disciplina conductual, bien vale la pena un poco de autoridad por parte de los padres, deben ser capaces de combinar el afecto y el control, ofreciéndoles dirección y conductas apropiadas para imitar. ¿Cómo hacerlo? hay dos consideraciones a tener en cuenta; primero, lo se limitará la conducta, no los sentimientos que la acompañan; segundo, nos interesa que las reglas sean pocas y muy claras. Partiendo de estas premisas, se explica a continuación el plan a seguir:

  • Al presentarse la conducta problema (por ejemplo, dejar los juguetes tirados después de usarlos) debe señalarse la falla empleando pocas palabras: “no está bien dejar los juguetes regados, debes guardarlos”, los sermones son poco efectivos. No grites, ni hables desde lejos, acércate, bájate a su altura y usa un tono de voz suave. Si piden explicaciones, responde de modo simple: “porque está mal. No quiero que vuelvas a hacerlo, por favor”.
  • El lenguaje corporal es tan importante como el verbal, al hablar mantén contacto visual, pídele que te mire, sujétalo si es necesario. Se expresivo(a), muéstrale con gestos lo que está bien y lo que está mal (sonrisa, aplausos, seño fruncido).
  • Muéstrate seguro(a), intenta estar calmado(a) ante los desafíos, si notas que estas enfadado(a), sal de la situación y respira hondo por unos segundos. Transgredir la norma, es su manera de aprender, al supervisarlo(a) y corregirlo lo esterarás enseñando. Mantenerte firme es fundamental, la norma no debe cambiar según la situación, estado de ánimo o persona; unir esfuerzos es fundamental para que haya coherencia educativa (padres, abuelos, maestros).
  • Evita hacer uso de etiquetas, calificativos o comparaciones: “lo que hiciste estuvo mal”, en lugar de “eres un mal hijo”, “tu hermano es bueno y tú no”; recuerden que lo que no se aprueba es la conducta, no el sujeto. No utilices tus emociones como moneda de cambio: “no te quiero porque eres un niño malo”, “papá no te va a querer si te portas mal”. El niño(a) debe crecer con la seguridad de que el amor de sus figuras de apego (padres o cuidadores) es absolutamente seguro y estable.
  • Es probable que los niños reaccionen llorando, gritando, haciendo pataletas e incluso dejándole de hablar al adulto; este tipo de respuestas son esperadas, ya que los niños están aprendiendo a regular su conducta y a desahogar los sentimientos que causan; en estos casos, el adulto debe mostrar que sus emociones no son un problema, las palabras de los adultos pueden ayudar al niño(a) a comprender sus emociones y las de los demás. Emplea preguntas abiertas del tipo: ahora que estás calmado(a), ¿quieres contarme lo que pasó?, noto que estás triste, enojado, confundido (depende de la emoción que se observe), hablemos de lo que sientes. Se deben evitar expresiones como: no grites, deja de llorar, los varones no lloran, si sigues llorando te pondrás fea(o), a los niños que se portan mal no los quieren.
  • Los premios y castigos siempre deben darse a continuación de la conducta para que sean efectivos. En este aspecto la atención y los elogios siempre son el mejor refuerzo; si solo se les atiende cuando se portan mal, aprenderán a portarse de ese modo para captar la atención, es importante que les dediquen unos minutos a las conductas adecuadas, decirles lo bien que lo están haciendo y compartir ese momento juntos. Así mismo, censurarlos y retirarles la atención completa cuando su comportamiento sea inadecuado: “hasta que no dejes de patalear no voy a hacerte caso”, sin mirarle, sin tocarle, sin gritarle, sin sonreír; una vez dejen de hacerlo, acércate, recuerda la norma y elogia lo bien que lo hace: “así está bien, ahora te escucho, dime cariño”.
  • Otro tipo de refuerzo efectivo, sin abusar de su uso, son los premios: “como te has portado bien y has recogido los juguetes, vamos al parque… te doy un dulce”, “como te has portado mal, porque no has hecho las tareas, no te doy chocolate”. Los premios deben ser significativos para ellos, si le ofreces un dulce cuando prefiere las frutas con yogurt, esto no funcionará para que se repita la conducta. Del mismo modo sucede con los castigos, si le prohíbes ver televisión pero él prefiere jugar pelota, esto no será una sanción importante.

Ser padres es ponerse a prueba día a día, eso lo hago con mi hijo Alvaro rafael (Don ligerito); mamitas la constancia y la práctica te harán una buena ejecutora.

“Educar a un niño es como sostener en la mano un jabón. Si aprietas mucho sale disparado, si lo sujetas con indecisión se te escurre entre los dedos, una presión suave pero firme lo mantiene sujeto”

Autor: Natalia Calderón
Editado por Psic. Greidy Nuñez